Él
conoce la mecánica cuántica, yo menos.
Jonh Clauser era una
aspirante a doctor en astrofísica en la Universidad de Columbia a finales de
los años sesenta, todo iba de maravilla menos su calificación en mecánica
cuántica, a pesar de sus múltiples esfuerzos la nota no mejoró. Como un recurso
desesperado estructuró una máquina para comprender el funcionamiento de la
mecánica cuántica -su talón de Aquiles-, esa aplicación conocida como el
experimento Aspect se
constituyó en una referencia para comprender lo relacionado al tema, sin
embargo, hasta el día de hoy el Doctor en Astrofísica confiesa que aún le
cuesta mucho trabajo entender cómo funciona la mecánica cuántica.
Este hecho que puede parecer
únicamente anecdótico y risible me llevó a cuestionarme con mayor interés la
forma en que el conocimiento se origina y se conforma, ¿Qué tanto conocemos de
forma consciente e inconsciente? Seguramente como profesores hemos observado a
estudiantes que durante las sesiones muestran un gran nivel de reflexión en
cuanto a la temática que se desarrolla, pero se muestran incapaces de resolver
una prueba, test o examen, aún así sus
participaciones promueven el conocimiento entre ellos y sus pares.
El
origen del conocimiento.
En términos generales puede
decirse que el origen del conocimiento es la relación entre el sujeto
cognoscente y el objeto. Aunque es una definición muy sencilla parte del
problema radica precisamente en el sujeto, quien es un elemento
exponencialmente complejo por lo que hablar del origen del conocimiento también
lo es. Por ejemplo desde el punto de vista filosófico se ha reducido a grandes rasgos a cuatro posturas
el origen del conocimiento: racionalismo, empirismo, intelectualismo y
apriorismo; a pesar del intento de una explicación más completa y conciliadora
de las dos últimas posturas lo cierto es que no existe una definitiva
conclusión (Robles, 1949), el problema de las posturas sobre el origen del
conocimiento, es que centran más en la pura descripción del conocimiento y no
necesariamente a un posicionamiento noético determinado.
Por otro lado si bien
podemos hablar de un objeto definido el problema del objeto mismo también
representa un dilema. Retomo el ejemplo de Moore (2006), durante la Edad Media
el objeto de conocimiento era la tierra
–plana- sin embargo el problema de ese objeto de conocimiento no era auténtico,
pero ¿Era un conocimiento que les servía a los hombres en el Medioevo? Si era así entonces el origen
del conocimiento surgía como una necesidad verdadera mediante la relación con
un objeto falso e inexistente, es decir, la naturaleza del objeto no importa en
sí porque cuando se habla del origen del conocimiento se dice que es aquello
donde se puede extraer conocimiento verdadero y cierto para completar un
juicio, desde el punto de vista epistemológico la comprensión del mundo no
proviene de su descubrimiento, sino de los principios utilizados para
conocerlos, analizarlos y transformarlos (Abarca, 1997).
Efectivamente sabemos que el
origen del conocimiento es la relación que existe entre el sujeto cognoscente y
el objeto, sin embargo la forma en que se origina el conocimiento es difícil de
precisar dada las características multifactoriales del sujeto cognoscente, así
como las características del objeto mismo, y las complejidades de la relación
entre sujeto y objeto. Pensemos que nuestro objeto de estudio es una manzana,
que establece su relación con diferentes sujetos cognoscentes, cada uno de
ellos establece una única y diferente relación, aunque el objeto sea el mismo,
así como existen diferentes representaciones de las manzanas de cada uno de los
sujetos, así es el origen del conocimiento en cada uno.
No
entiendo el origen del conocimiento
Al doctor Jonh Clauser aun
le cuesta trabajo entender la mecánica cuántica, debo confesar que a mi cada
vez más me cuesta trabajo entender cómo se origina el conocimiento. Sin embargo
es algo que nunca podré dejar de cuestionarme, la razón al contrario del origen
es más sencilla de explicar: todos los profesores debemos (sí, como imperativo)
cuestionarnos por lo menos en un momento de nuestra profesión sobre el origen y
teoría del conocimiento, pues no puede propiciarse sino se sabe como favorecer
que se dé (Claxtón, 1987) y en dado caso más que generar un conocimiento o
aprendizaje lo que el profesor hará es obstaculizarlo o frenarlo. Recordemos
que no en balde la referencia del origen del conocimientos en la explicación de
los paradigmas educativos está presente.
Recursos
Claxton, Guy. (1987) Vivir y aprender. Psicología del desarrollo
y del cambio en la vida cotidiana. México, Alianza
Moore, T.W. (2006) Filosofía de la educación. México,
Trillas.
Robles, Oswaldo. (1949).
Gnoseología fundamental. Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía. Argentina.
Marzo- Abril 1949.Tomo II.